28/6/2018   Centro

El Centro Niemeyer y el Museo Sorolla ofrecen dos exposiciones sobre Joaquín Sorolla que muestran al pintor a través de la fotografía y de sus trabajos en pequeño formato

“Sorolla en su paraíso” ofrece un retrato fotográfico del genial pintor valenciano y de su universo creativo y personal.

“Notas de Asturias” presenta diversas obras de pequeño formato que el artista empleaba como anotaciones rápidas y espontáneas de escenarios determinados.

Ambas exposiciones, organizadas por el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla se podrán visitar en la Cúpula del Centro Niemeyer desde hoy hasta el 6 de enero de 2019.


Las exposiciones “Sorolla en su paraíso” y “Notas de Asturias” ofrecen desde hoy la oportunidad de profundizar en el conocimiento de uno de los artistas más relevantes de la historia de la pintura española moderna: Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923).

La primera de ellas lo hará a través de un conjunto de más de 70 fotografías que muestran al pintor rodeado por su familia y en su entorno de trabajo. La segunda lo hace mediante lo que el valenciano llamaba “notas de color”, pequeños óleos que solía pintar sobre tablillas o cartones cuando salía al aire libre, algunas de las cuales muestran paisajes asturianos, y en algunas ocasiones también en interior.

Ambas exposiciones se podrán visitar en la Cúpula del Centro Niemeyer desde hoy hasta el 6 de enero de 2019 gracias al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Museo Sorolla, Fundación Museo Sorolla y Fundación Mutua Madrileña.

Sorolla en su paraíso

Esta exposición pretende reconstruir fotográficamente el ambiente universo creativo de Joaquín Sorolla y su presencia en los ambientes culturales españoles entre las vísperas de la Revolución de 1868 y la Dictadura de Primo de Rivera, mojones históricos entre los que transcurrió la vida del pintor. Dada la importancia de su figura y su condición de genial artista y gloria nacional, Sorolla fue siempre objetivo de fotógrafos, entre los que destacan Antonio García, Christian Franzen, Alfonso, Campúa, Guillem Bestard, González Ragel y Venancio Gombau, que le retrataron en sus estudios, en los escenarios de su trabajo, entre las personas de su cercanía familiar y afectiva y en todos los lances relevantes de su vida. Importante en la muestra es la presencia de algunos de los grandes fotógrafos internacionales de su tiempo, como W.A. Cooper, Williams M. Hollinger, Harris and Ewing, Gertrude Käsebier y Sebastian Cruset.

Las fotografías de Sorolla reunidas en la muestra nos ofrecen una visión impagable de la evolución del retrato de galería propio de los años recentales de la fotografía, desde la tarjeta de visita hasta los grandes formatos propios de los días que presenciaron el tránsito entre los siglos XIX y XX. Asimismo, estas fotografías resultan indispensables para acercarse al desarrollo del reportaje fotográfico español, propiciado por la madurez de la prensa ilustrada. Desde los días postreros del siglo XIX en que comienzan a aparecer sus retratos en Madrid Cómico o La Ilustración Española y Americana, hasta la apoteosis de su popularidad en las dos primeras décadas del siglo XX, Joaquín Sorolla fue protagonista de centenares de reportajes fotográficos aparecidos en las más prestigiosos publicaciones ilustradas.

La importancia de la fotografía en la vida de Sorolla es conocida. En un tiempo en que el lenguaje de las cámaras apenas contaba para la mayoría de los representantes del mundo cultural y artístico español, contrastando con la atención que le prestaron intelectuales y artistas en América y Europa, Sorolla se mostró siempre atento a la evolución de la fotografía, como muestra su cercanía personal y profesional con fotógrafos de la talla de su suegro Antonio García, el gran patriarca de la fotografía valenciana, y con el danés Christian Franzen, el más importante retratista y reportero de la España de la Restauración y la Regencia. A ambos los tiene retratados Joaquín Sorolla, en dos retratos admirables no sólo por su propia excepcionalidad en la producción pictórica española, sino por su carácter de mutuo homenaje y celebración entre la pintura y la fotografía. Conocida también es su relación con el salmantino Venancio Gombau, el soriano Rioja de Pablo, y los jerezanos José Demaría López (Campúa) y Diego González Ragel. De ellos se conservan valiosos retratos del maestro, tanto en el Museo Sorolla como en los propios archivos de negativos de estos excelentes profesionales. Una selección de estas fotografías integra la presente exposición.

Notas de Asturias

Joaquín Sorolla llamaba “notas de color” a los pequeños óleos que solía pintar sobre tablillas o pequeños cartones. La mayoría de las veces son obras independientes a las que el pintor daba valor propio; de hecho, envió muchas de ellas enmarcadas a las grandes exposiciones que hizo durante su vida.

No son necesariamente preparatorias de ningún cuadro de mayor tamaño, aunque cumplen con esa función en el sentido de ser un ejercicio, un entrenamiento: mediante estas anotaciones rápidas y espontáneas, Sorolla se va empapando de las tonalidades particulares del colorido de un determinado escenario, de sus ambientes luminosos, de manera que, cuando acomete cuadros de mayor tamaño, tiene esas cualidades asimiladas e interiorizadas y puede pintar con la rapidez que le caracteriza para no perder la gracia del momento.

En Italia Sorolla había hecho amistad con el pintor asturiano Tomás García Sampedro, que fomentó la formación de una colonia de pintores naturalistas de paisaje en Muros de Pravia, donde él tenía una finca, La Pumariega. Sorolla pasó varias temporadas pintando en contacto con esta colonia en 1902, 1903 y 1904. De estas estancias proceden las “notas” que vemos en esta exposición (todas pertenecientes a la colección del Museo Sorolla), y que muestran la capacidad del pintor para adaptar su mirada a los colores y las luces más matizadas de los paisajes del norte, tan distintas de la fuerte luz mediterránea bajo la que estaba acostumbrado a pintar.

Ambas exposiciones se pueden visitar en la Cúpula del Centro Niemeyer hasta el 6 de enero de 2019, junto con la exposición “Pedro Masaveu: pasión por Sorolla”, organizada por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson y el Centro Niemeyer. Las entradas se pondrán a la venta con un precio de 3 € (2,5€ la entrada reducida) y se podrán adquirir en la taquilla del Centro Niemeyer y por Internet. El acceso a la Cúpula contará con un aforo limitado, de tal forma que el ticket adquirido permitirá la entrada únicamente para la franja horaria seleccionada.